Romancero de brujas y lunas

 La luna llegó callada,

bruja blanca en su andanza.

El niño miró en el fuego

su silueta que avanzaba.


“Bruja volandera, por los cielos vas,

deja que mis sueños vuelen sin mirar atrás.”


—¡Huye, luna, luna, luna!

No quiero tu luz de invierno.—

Pero ella alzó las alas,

y el aire encendió su vuelo.


“Hechizo en la noche, sombras de cristal,

luz que lleva el alma donde no hay final.”


La luna tejió su embrujo,

y el niño cerró los ojos.

Por su piel cruzó el silencio,

un río de anhelos rotos.


“Bruja, luna errante, ¿a dónde me llevas tú?

Deja que despierte lejos de tu luz.”


En el cielo quedó el eco

de un canto, fuego y madera.

La luna voló sin dueño,

bruja libre y pasajera.


“Eres sombra, eres llama, viento que no volverá,

deja que mis sueños bailen en tu inmensidad.”


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