Las princesas sueñan con ser sapos
Cuando asoma la luna de plata,
se refleja en el lago encantado,
donde flota el verdor de la mata.
Las aguas se visten de espejos,
nenúfares bailan dormidos,
y el viento, al rozar los juncales,
susurra secretos perdidos.
El canto del agua en cascada
armoniza su dulce caída,
y el aire, en su danza liviana,
le da a la quietud nueva vida.
Los sapos saltan, croan, giran,
persiguen mariposas locas,
cazan moscas, se ríen, se esconden,
y a veces, se besan las bocas.
Y sí, muchas veces se aman,
se encuentran al fin en la danza.
¡Ay, qué dulce la vida de sapo,
cuando el corazón se lanza!
Las princesas, entre sus torres,
se aburren mirando la aurora,
y sueñan —qué cosas, la vida—
con ser sapos… al menos por horas.
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