Presencias del corazón
Hay almas que llegan sin pedir permiso,
que tocan el alma como suave brisa,
no hacen ruido, no dejan aviso,
pero su recuerdo nunca se desliza.
No están en tus días, ni en tus mañanas,
no cruzan tus calles, ni pisan tu suelo,
pero viven en rincones del alma
como un susurro eterno en el anhelo.
Se marchan sin dramas, sin despedida,
como quien nunca quiso quedarse,
pero llevan consigo una herida
que en el silencio aprendiste a amarse.
No ocupan espacio en la rutina,
ni comparten el pan ni la risa,
pero habitan donde nadie adivina:
en el latido más lento… en la brisa.
Y así, sin estar, están contigo,
como sombra detrás de la puerta,
como un viejo poema, como abrigo
que aun sin cuerpo, el alma despierta.
Comentarios