Los lugares donde no vivimos

 

A veces pienso que llegaste tarde.

No tarde para conocernos,
sino tarde para pertenecernos.

Porque tú habitas una casa
con ventanas abiertas al mañana,
y yo sigo viviendo a temporadas
en los puertos donde atracan las dudas.

Y aun así...

hubo un instante.

Un instante pequeño,
apenas un roce de almas distraídas,
en el que el mundo dejó de empujar.

Tus ojos tenían la calma
de quien sabe regresar a casa.

Los míos,
la nostalgia de quien siempre está partiendo.

Te besé como se besan los milagros:
sin pedir explicaciones.

Y durante unos segundos
olvidé que veníamos de lugares distintos.

Después regresó la vida.

Tus certezas.
Mis caminos.

Tus horizontes ordenados.
Mis mapas dibujados sobre la arena.

No me arrepiento.

Hay personas que llegan para quedarse
y otras que llegan para enseñarnos
la forma exacta de una ausencia.

Tú no fuiste amor.

Pero tampoco fuiste un error.

Fuiste esa tierra que se divisa desde el mar
cuando cae la tarde.

La suficiente para soñar un puerto.

La demasiado lejana para construir una vida.

Y, sin embargo,
todavía hay noches
en las que el corazón recuerda la luz de aquella costa.

Comentarios

Entradas populares